El sexo y yo,  Humor

Jugla de la noche: El de los contratos erótico-festivos

Estaba yo tranquilamente vagando por los mundos de twitter (amo twitter) cuando de repente un twit salvaje apareció.

Os dejo con el twit en cuestión. Porque datos gráficos:

Parece ser que otra de las múltiples cosas que te puedes encontrar en la fauna de la noche son capullos que te intenten hacer firmar contratos erótico-festivos. Y digo intenten, porque ya me dirás tú si lo firmarías. Supongo que para hablar de este tema tendremos que remontarnos a aquellos maravillosos tiempos prepandemicos y precoronaviricos en los que podíamos salir de fiesta hasta altas horas y liarnos con el primero que pasase si queríamos…

Es duro pensar en estas cosas, lo sé.

Una vez puestos en situación: ¿quién va por ahí con un taco un par de contratos a ligar? Bueno, a intentar ligar. Yo le doy media vuelta. Sin leerlo ni na. Como decía una amiga mía, lo rompo en cachitos y se lo soplo a la cara como el calvo de la lotería de navidad, musiquita mediante y todo. Pero ya parándome a leerlo… telita brava.

La primera frase empieza ya fuerte. Una de las afortunadas. Afortunada me dice A MÍ el tío que redacta una especie de contrato folletil por escrito. Afortunado tú de que no te haya estampado el contrato nadie todavía en la cara, y más empezando así.

Es que, qué quieres que te diga…

Fortuna que con el cringe que me esta dando esta situación tan jevi que me esta tocando vivir, siga escribiendo estas líneas. Pero bueno, la vida sigue.

Luego hay cosas que no cambian, como lo de estar obligado a no tener nada. Ese miedo irracional a sentir cosas. Otra vez la nada. Es que no somos nada. Is qui ni simis nidi. Voy a meteros yo la nada por donde os quepa. Que si te quieres tirar a alguien ya hay algo con esa persona. Que si te la llegas a tirar, más todavía. En fin, la hipotenusa.

Respira, Natalia, respira.

Hablemos sobre el punto tres… Me río yo del punto tres. Tú, responsabilidad cero, y encima me tengo que fiar de que uses “todas las medidas de seguridad adecuadas para evitar disgustos” con la protección que “corre de tu cuenta”. Al final se traduce en «si te he visto no me acuerdo y que si las cosas se tuercen», que pueden torcerse aunque lo hagas todo bien, pues «te lo comes con papas tu solita, amiga». Genial.

De la CDC y el SDGI no voy ni a hablar… porque, en caso de que haya alguna pobre criaturica se haya decidido finalmente a firmar dicho contrato, no creo que sean muchas. Así que me planteo seriamente la calidad tanto de la CDC y del SDGI. Vamos, los conejos follan con gran intensidad y los canes se lamen el pijo todo el día, no sé si me explico.

Y por último, al más puro estilo Carrie BradshawNO PUEDO EVITAR PREGUNTARME: ¿De verdad DICHO SER follará algo? Porque sé que hay un roto para un descosido, pero sinceramente, a mi me saca alguien un contrato (y más uno como este) y las bragas se extienden como un gatcheto brazo hasta acabar siendo un forro polar de cuello vuelto. Just sayin.

Me imagino a este pobre chaval en su casa, todo gallito con sus contratos, pensando: Hablar las cosas, ¿qué es eso? ¿se come? ¿las personas pueden comunicarse? ¿he vivido engañado toda la vida? Seguro que a las tías les pone mogollón que saque un contrato en plan Christian Grey de Hacendado y me haga el abogado sensual. Solo de pensar en trámites burocráticos se me pone dura. Y voy a añadir lo de la Comida de Coño. Unga, unga. Porque, ¿por qué no? A ver si así convenzo a alguna, que siempre se quejan de que hay, unga unga, pocos tíos dispuestos. Unga, unga. Unga unga unga. Unga… Unga.

¿Unga unga? Pues unga. Unga unga, y unga unga unga.

Y así.

En fin, dejadles los contratos a los abogados de verdad. Y si alguna vez volvemos a ligar en discotecas, y alguien os saca un contrato así, por favor, haced una foto y enviádmela. Porque yo ya no puc mes.

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