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Me quejo

El covid me ha quitado un pedazo

Esta tarde, quedé con una amiga para tomar algo. Entre pandemia, cierres perimetrales, trabajos y distancias varias, hacía meses que no la veía. Me hacía muchísima ilusión. Cuando la vi, me sentí mal. No por ella, obviamente, pero fue una sensación.. llamémosla extraña.

No sé si serían las muletas, que sigo un poco grogui por la anestesia, el haber estado en contacto con muy poca gente estos últimos meses, el que hiciese mucho tiempo que no la veía, el hacer vida social fuera de mi burbuja después de muchos meses o el relacionarme con alguien que no fuesen mis perros y mi novio. Supongo que nunca lo sabré. Pero me sentí mal.

Fue la misma sensación que tuve la primera vez que salí a pasear después del confinamiento. Como un pánico atenuado. O miedo. O igual simplemente fue el periodo de adaptación.

Quizás haya sido que llevo varios días nostálgica pensando en las cosas de mi vida anterior, mi vida prepandémica, que echo de menos. Vamos, que ayer me puse l’amour toujours de Gigi D’Agostino en el Spotify de la tele del salón como si estuviese en una de las pseudoraves que hacemos en mi pueblo a las 6 de la mañana, y no me puse a bailar porque estoy recién operada de la rodilla. Pero bailé sentada con las manos, eso no lo dudéis.

Por suerte, los humanos somos resilientes. Después de buscar mesa, ponernos al sol y pedir unas cañas, la cosa mejoró y ya no me sentí extraña. O al menos, eso creo, porque volví a sentir ese pánico, esa extraña sensación cuando nos despedimos y no pude ni abrazarla, ni darle dos besos. Solo un adiós con la mano que supo a bien poco.

No es la primera vez que la veo desde que estalló la pandemia. Ni a ella ni a muchas amigas. Llevo teniendo que lidiar con esto desde hace casi un año, pero por algún motivo que desconozco hoy se me hizo especialmente duro.

El covid nos ha hecho pedazos. Nos ha hecho pedazos y luego nos ha ido quitando cachitos de nosotros mismos. Nos ha quitado cumpleaños, fiestas, cañas al sol, conciertos, cines… La pandemia ha conseguido que sintamos miedo de salir a la calle, de tocarnos, de darnos un abrazo. Nos ha quitado vidas y la vida. La luz que vemos al final del túnel con las vacunas, no llega porque vamos a 2km/hora y el túnel es más largo que el túnel del Negrón.

Y no es suficiente.

¿Volverán las cosas algún día a ser las que fueron?

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