Cosas que me pasan,  Humor

Más fauna nocturna: Pretendiente Baboso Egocéntrico

Ya habíamos hablado antes de del Pretendiente Sobrado y lo que nos podemos encontrar en la jungla nocturna. Como la fauna de la noche es amplia – extensa, inmensa, intensa… -, he decidido abrir sección: queda inaugurado este pantano la sección: “Jungla de la noche”.

Voy a contarte lo que le pasó a mi amiga con un Pretendiente Baboso Egocéntrico y las claves para que lo reconozcas cuando se te ponga delante.

El Pretendiente Baboso Egocéntrico (en adelante P.B.E.es una variante del Pretendiente Sobrado (en adelante, P.S.), por lo que hay similitudes clarísimas. La diferencia radica en su M.O (modus operandi).

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La terminología y yo. Yo y la terminología.

Mi amiga Cristina estaba en un bar, tomándose unas copichuelas y bailando como si hubiera un mañana. Tranquilamente, como un sábado cualquiera.

Mi amigui en la discoteque.

En ese momento, un P.B.E. salvaje apareció. ¿Cuáles son las claves para reconocerle? Pues bien.

  1. Oye, ve y toca lo que quiere.

El primer paso para reconocerlo es que te darás cuenta de que el tío oye lo que quiere oír, ve lo que quiere ver y, para tu desgracia, se considera con derecho a tocar lo que quiera tocar.

Mi amiga es una chica muy maja, cariñosa y agradable. Qué coño, es mi amiga. Así que cuando el susodicho, amigo de un amigo, se personó en el grupo con ellos, hizo lo posible para que se sintiese integrado. Lo normal, vaya. No sé, a mí, cuando viene un amigo de un amigo, hago por incluirle y no esté en una esquinica a su bola. Pero bueno.

Cristina siguió bailando con su copichuela, tan normal. Al poco se le acerca el susodicho y le dice lo siguiente:

Oye, es que yo creo que te atraigo…”. Creo que te atraigo, que no «creo que me atraes». Nótese de la diferencia. Además, seguido de un montón de cosas más del estilo en los que, según él, ella estaba desviviéndose por su persona.

Mi amigui, amablemente, le dijo que no, que estaba confundido, que no estaba interesada y que tenía novio, que no sabía de donde había sacado eso.

“No se, es que eres muy maja, muy guapa… estás muy buena… y estás aquí bailando y tal”.

“Ya, pues estás equivocado, no estoy interesada, lo siento”.

Al poco, empieza a cogerla de la cintura sin motivo, ni permiso alguno. Mi amiga, MUY INCÓMODA, se fue fuera para intentar hablar con el amigo común. Después, el chaval volvió:

“Me dicen que estoy yendo muy a saco contigo, así que en serio, podemos ir más despacio, quedar para tomar algo…”

Esto nos lleva al punto dos.

  1. No te deja hablar

Tú le intentas explicar que no, que no te gusta, que no estás interesada, que tienes pareja… lo que sea, pero que no tienes la mínima intención para con él. Pero ¡sorpresa! No puedes, porque cada vez que vas a hablar, te para.

Porque él sabe lo que tú quieres, claro. ¿Tú que vas a saber sobre lo que quieres? Ya viene este señor a hacerte un mansplaining de manual, tranquila.

Mansplaining pretendiente egocentrico

Encima, cada vez que te corta para darte “opciones maravillosas” de ir despacio, quedar, hacer lo que tu quieras, que estás muy buena… su ego crece y se eleva por encima hasta de los altavoces de la discoteca. Y tú lo notas. Notas cómo cada vez que dices “pero yo…”, “pero que no”, cómo a medida que no te deja hablar y te corta porque ÉL sabe y TÚ no, se infla como un pez globo.

Y tú, con toda la impotencia contenida del mundo porque ese capullo que tienes delante no te deja hablar, para decirle una vez más que no quieres nada con él, te cagas en sus muertos. Pero por dentro. Porque como acabes hasta los huevos y explotes, sabrás que serás una histérica con un problema, que no acepta un piropo. Un clásico.

La diferencia radica en que el Pretendiente Sobrado se cree superior y por ello objeto de tu deseo y del de todas las mujeres en la habitación, pero no toca, te deja hablar – aunque haga caso omiso de lo que le digas, que tampoco es un santo –, y si le metes un corte se mete en su caparazón con su ego herido. El Pretendiente Baboso Egocéntrico, no. Tiene tanto ego, que no reaccionaría. Y como no te deja hablar, no puedes cortarle sin que piense que estás loca. Cuestión de ego.

La mejor parte de esta historia que te cuento hoy viene ahora, cuando mi amiga, agobiada y hasta el culo, a punto de irse,  y sintiéndose culpable, habla con su amigo (el que también es amigo del otro) y éste le dice (agarrate, que vienen curvas):

“ES QUE ERES DEMASIADO BUENA”

Espera ¿qué? ¿Me estás diciendo que cómo soy muy buena, este PANOLI y GILIPOLLAS no me deja en paz hasta el punto en que me quiero ir? ¿Por qué SOY MUY BUENA?

Michelle Full House Pretendiente Baboso

Pues mira, no. Por ahí, no paso. En lugar de venir a mí (a mi amiga, en este caso) a decirme lo “buena que soy” y que “no se puede ser así de buena” echándome la culpa, vete a donde tu querido amiguito y le dices que es un mamón y que si le dicen que no, respete al prójimo y no de la puta chapa.

Coño ya.

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