Cosas que me pasan,  Reflexiones

«The end is near», pero a mi manera

Hace unas semanas, sentada en Central Park, me fijé en una chica que había sentada en un banco. Estaba llorando como una descosida en una videollamada.

La pobre me dio penita. Era un domingo a las 12 de la mañana. Pensé en darle un clínex, pero como me pareció que ya tenía y estaba diciendo que estaba cansada de la gente, me dio un poco de miedo acercarme.

La muchacha pasó en esa videollamada por casi todos los estados del duelo: empezó llorando desconsoladamente (tristeza), luego gritando a la pantalla del móvil cagándose en todo (en inglés, que no suena tan potente como cuando en español te cagas en la puta, pero sigue siendo ira), al cabo de un rato empezó la negación con cosas como “no way”, para acabar en algo que parecía una especie de aceptación light.

Vamos, que la tecnología es una maravilla para que te cagues en la gente a distancia si no puedes cara a cara. Además, estaba claro que hablaba de un tío, y no solo porque estuviese hablando a voces, si no también por que eso se nota.

the end is near, been there done that super girl
Si hubiese visto a esta chica en un baño de fiesta, seríamos BFFs.

Mira que a mí me mola la movida, pero en esta ciudad es otro nivel. Te puedes encontrar cualquier cosa: una muchacha disgustadísima gritando a la pantalla en Central Park, tíos bien vestidos sacándosela en medio de la calle para mear haciendo que puedas tachar de tu lista haber visto una polla ese día, dos personas random discutiendo en un paso de cebra porque uno casi atropella con un patinete eléctrico al perro del otro, o un señor poniendo música en un McDonalds.

En este viaje hay muchos puntos extraños, pero especiales. Hace unos días estaba en el McDonalds de Times Square, intentando no pensar en que mi viaje se acababa. Estoy escribiendo esto, así que es evidente que no lo conseguí. A mi lado había una pareja súper molesta, pero eso da para otro post. Después de que se fuese la pareja, se sentó un señor de unos 70 años con su café y su teléfono.

Normalmente, me molesta que la gente ponga música alta. No sé por qué este señor no me molestó. Igual porque la tenía en un tono perfecto, igual porque la música que ponía era preciosa, igual porque el McDonalds no tenía puesta música entonces no se sobreponía ni había ruido y barullo. Nunca lo sabremos.

Por si fuera poco, cuando me vio sacar la libreta, el hombre me preguntó si me molestaba, dispuesto a quitarla. Cómo me iba a molestar si estaba poniendo a Jerry Orbach y a Frank Sinatra. Si no hubiésemos estado en un McDonalds le hubiese invitado al café.

Mientras Jerry Orbach, en palabras de Tom Jones, me decía que intentase recordar y Frank Sinatra que hiciese las cosas a mi manera, en aquella esquina desde donde veía Broadway y Times Square por una gran cristalera, recordé que, efectivamente, the end is near. Toca salir de la ciudad que nunca duerme para volver a dormir en tu cama (y con tu almohada, dicho sea de paso).

Me asombra lo mucho que pueden compartir dos personas desconocidas en 20 minutos solo compartiendo música, un sofá, dos palabras y un McCafé en la Gran Manzana. También me asombra lo mal que se me da irme de los sitios.

Me pasaba cuando, de pequeña, iba a mi pueblo. Marchar era un drama. Y tampoco quería irme de la ciudad para ir al pueblo en un principio. Pero una vez allí, aunque fuera un fin de semana… cómo me costaba marcharme. Aunque, sin duda, lo peor de todo era marchar al acabar el verano. Recuerdo llorar en el asiento de atrás del coche mirando el paisaje por la ventanilla, con las gafas de sol para que no se notase – por cierto, no lo conseguía, se me notaba igual -. A día de hoy me sigue pasando. No lloro, porque la poca dignidad que tengo me lo impide y el conducir me distrae.

Supongo que nos duele marchar de los sitios donde hemos sido felices, donde tenemos recuerdos placenteros, donde has descubierto partes de ti que desconocías hasta el momento.

Cuando me marché, le dije que había disfrutado mucho la música y que me había hecho el día. Y, por si te lo preguntas, a la chica le di el pañuelo.

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