Reflexiones

2020, que te den

Escribo 2020 en un papel a mano. Nada. Nada de nada. Lo miro como pensando “¿y ahora, qué?”.

¿Y ahora qué?

2020 ha sido un año de mierda. Que acabe 2020 no significa nada, pero significa lo suficiente: cerrar un capitulo, un libro, una saga. Intentar empezar otra vez sin morir en el intento.

En Enero del año pasado, mi profe propuso que nos felicitásemos el año con “felices años 20”. A ver si eran tan gloriosos como los años 20 del siglo pasado. Menos mal que tenemos 9 años más de los años 20 para solucionarlo, porque esto ha sido como la primera en todo el frentón.

2020, quiero que te acabes porque quiero volver a vivir sin restricciones de movilidad, tiempo, hora u omisión. Quiero volver a ver sonrisas por la calle, sonreír con los ojos no me es suficiente. Y salir a bailar hasta deshacer los zapatos. Quiero pintarme los labios sin tener la sensación de “es que jodo la mascarilla”.

Quiero volver a abrazar, besar y saludar como lo hacía.

Sí, 2020 ha sido un año de mierda. Ha sido como si todas las catástrofes que tenían que pasar en, al menos, un cuarto de siglo, hubiesen pasado todas de golpe este año. Internamente, soy consciente de que esto es un sesgo y que, en realidad, cuando llegue el 31 de diciembre no va a ocurrir absolutamente nada. Si seguimos en esta vorágine de mala suerte, locura y catástrofes, seguiremos.

Con esto pasa como los propósitos de año nuevo. En realidad, las cosas no ocurren de un día para otro. Como dice un profesor mío, los años solo es hacer chorizos con el tiempo para organizarnos. Pasar de 1999 al 2000 no nos hizo más listos, ni más guapos, ni a los coches se le escondieron las ruedas para aprender a volar. Solo organizativo. De 2020 a 2021 tampoco va a pasar nada nuevo.

Ahora resulta que china tiene otro virus que da por culo, solo que ahora intestinal. Ojito. Ahora pasaremos de la pandemia del coronavirus a la pandemia del norovirus.

2020 ha sido un año de mierda. Sí. 2020 es un año para olvidar, para contar a los nietos. Para pensar en todo lo que hemos hecho hasta ahora, lo que haremos y darnos cuenta de lo que merece la pena. 2020 ha tenido muchísimas cosas malas. Pero, para el común de los mortales, no todo ha sido horrible (o eso me gusta pensar).

Con esto no quiero decir que haya que minimizar el horror de este año. Ha muerto muchísima gente, mucha otra ha quedado con secuelas y la mayoría nos hemos dado cuenta de que teníamos en nuestro circulo a alguien a quien le faltaba una patatina pal kilo (de estos de la plandemia e irresponsables varios).

Pero quitando todas las atrocidades de este año y sin querer ser yo una filial de Mr Wonderful, este año ha tenido ciertas cosas buenas.

2020, quiero que te acabes porque quiero ser la que era, pero tampoco puedo quejarme. He vivido NY prepandémico, un lugar que ya no existe. He encontrado a alguien que (de momento) camina a mi lado, ni más deprisa tirando de mi ni más despacio retrasándome. Me he sentido fuerte, resiliente y feliz.

Mi propósito para 2021 es cuidar a los de mi alrededor, intentar que las cosas y personas buenas que han llegado se mantengan. En lo persona, laboral y, por qué no, en lo económico.

Me doy cuenta de los propósitos que el año pasado hice y cumplí casi todos y sin darme cuenta. He hecho más deporte, me he formado más, he cogido más el coche, he comido mejor, he viajado bastante (1 pais, 2 ciudades, y al menos 4 pueblinos perdidos por ahí), me he reido, me he enamorado, he vivido más fuera de mi casa que en ella.

2020, que te den. Como en el anuncio. Y, si puedes, trae un 2021 mejor. Aunque sea un poquito. Solo un poquito. Un poquito más de libertad bastará para sanarnos.

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