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Me pica el chirri, pero psicológicamente.

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Si, has leído bien. Y no, este no es un post sobre problemas médicos, no se me escandalicen los lectores del sector sanitario.

Te pongo en situación:

Hace un tiempo– ya sabes, puede ser el mes pasado o hace 4 años – quedé con una amiga para hablar de la vida. Entre caña y caña, de repente me suelta, atenta:

«Ay, tía, a mi es que últimamente me pica el coño, pero psicológicamente«

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Yo.

«Perdona… ¿qué?»

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Mi amiga.

«Que sí, que sí, de verdad.»

Claro a ver, así, sin venir a cuento, en frío, de repente te hablan de candidiasis psicológicas y tú, como es lógico, pues te quedas un poco… perdida, cuanto menos.

«Sí, es que es como una candidiasis pero que se que no es una candidiasis, no se si me explico. Que estoy como incómoda. Yo que se, me han pasado tantas cosas últimamente y estoy un poco estresada… «

Para un momento, e imagina la situación: mi amiga, confusa y filosofando sobre su no-picor chichial. Yo, cortocircuitando sin entender gran cosa, con una cara parecida a Ross cuando se emborracha a margaritas afirmando que “está bien”.

ross friends i'm fine wow
«Madre mía«

Después de darle muchas vueltas entre cañas, vinos y otros, llegamos a conclusiones varias, pero con tan pocos sujetos en nuestro estudio, dejamos el tema en barbecho y nos dedicamos a lo que se nos da mejor que la investigación: arreglar el mundo entre cañas.

Pero la cosa no iba a acabar ahí, no señor.

Poco íbamos a saber que, semanas más tarde, en una cena con las amiguis, también entre vinos y cañas (como no), iba a volver a salir el tema y más de la mitad de las allí presentes ¡iban a reconocer haber vivido tal suceso!

Cuando la magnitud del asunto te abruma.

Porque vamos a ver, es muy raro ser mujer y no haber vivido nunca una candidiasis. Precisamente por eso sabes que esto eran candidiasis fake, eran candidiasis de mentira, eran psicológicas. Eran por estrés laboral, estudiantil, parejil, infantil, un poco de todos… Los cultivos eran negativos y al cabo de un par de días de rilax, todo se reencauzó y el mal cesó.

A ver cuando nos damos cuenta de que no podemos llegar al punto de estar tan estresadas que nuestras partes íntimas sean las que nos tengan que mandar un mensaje, porque estoy convencida de que antes de eso, hubo otros avisos, pero sencillamente, nuestro cerebro los omite, y acabamos focalizando el estrés… pues «ya sabes: AHÍ», que decía la del anuncio.

Pues ahí mismito, Taylor.

Ni confirmo ni desmiento que la primera que tendría que aplicarme el cuento soy yo, porque el día menos pensado me quito la copa (mientras hago el pino) y cae un telegrama diciendo: «Oye, guapa, que ya está bien, ya te vale, drógate o vete a Cancún a la playa, que este ritmo no lo aguanto más. Con amor: tu aparato reproductor«.

O me harán un podcast semanal, directamente.

En defintiva, que igual, y solo igual, estamos intentando abarcar más de lo posible. Llámame loca, pero igual tenemos que levantar el pie del acelerador antes de que sea nuestro cuerpo quien nos de avisos a la brava. Que Wonder Woman solo existe en la ficción, nadie es perfecto y a veces hay que mandarlo todo a tomar por el jander.

Tomémonos un día de relax de vez en cuando, aunque solo sea por la salud de nuestro chichi. 

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