El sexo y yo,  Humor

No me como un colín (y no lo entiendo)

Ya no sé que hacer.

Noto como las células epiteliales de mi órgano reproductor se regeneran por falta de contacto masculino.

Y lo peor de todo es que la no interacción ni física ni mental con el otro sexo me está pasando factura. Es que, NO ME COMO UN COLÍN. Literal. No me tocan ni con un palo.

Así, como lo oyes, sin anestesia ni na.

Vale, tampoco hago yo mucho por buscar la interacción. Pero hombre…

La «mágica» interacción.

Encima, es difícil que alguien me guste. Cuando alguien me gusta, no nos ponemos de acuerdo, porque siempre le gusta más mi amiga, mi prima o mi vecina del quinto.

Y cuando yo le gusto a alguien a mi no me gusta, no te vayas a pensar que es un problema de que no gustar. Es un problema de falta de coordinación total. Como esta frase de adolescente de “yo por él, el por otra”.

¿O será, como dice mi querida Sol, que a los hombres “de verdad” no les gustan las mujeres “como yo”? ¿O que les gustan tontas?

Me decía una amiga hace un par de días que yo impongo mucho porque soy muy madura y que eso echará para atrás a los tíos, así que yo que se. En ese caso mejor así, sinceramente. Casi prefiero que vengan maduros de casa, que tampoco me apetece a mi aguantar gilipollas, que tengo muchas cosas que hacer.

No se, tampoco pido yo nada del otro mundo.

También mis amigas me dijeron que era demasiado exigente, yo que se. Será que no se nada, de nada, de nada.

Pero, llámame loca, yo no me voy a tirar al primero que pase por la calle solo porque tenga la oportunidad, y encima sin que me guste ni nada. Queda feo.

Queda muy feo.

Yo creo que, en realidad, a mi me ha mirado un tuerto.

Porque no te pienses que eso de “desafortunado en el juego afortunado en el amor” se aplica aquí. NO, NO, NO. No gano ni al Trivial Pursuit, ni al Monopoly. Es que ni al Monopoly del McDonalds. Ni a los juegos de beber siquiera, coño.

Vamos, que me he inventado un juego de beber con el Tinder en el que siempre gano, para echarme unas risas y equilibrar un poco la balanza. De la lotería ni hablamos, por supuesto.

No me como un colín.
Ojalá no comer un colín, pero ser el Tío Gilito.

En definitiva, que yo no se nada. No se de donde me viene a mí esta sequía de no pillar cacho. No se si es que soy muy lista, muy guapa, muy madura, muy autosuficiente o simplemente que mi brújula del deseo está atrofiada nivel supremo, porque estos fenómenos paranormales no me los explica ni Iker Jiménez en cuatro horas de Cuarto Milenio.

Iker Jimenez no me como un colín evidentemente
EVIDENTEMENTE. Evidentemente no me como un colín, sí.

Bueno, como decía Sócrates… Solo se, que no se nada. Y en estos temas, menos aún.

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